Historias · Fe, justicia y reconciliación
El amor que no renunció a la justicia: John Perkins
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No te dejes vencer por el mal, sino vence el mal con el bien.Romanos 12:21 (Bien) · BLL
Imagen no disponible: Bancales de un huerto con plantas y flores; imagen temática del cuidado compartido, no un proyecto identificado de John PerkinsHabía ido a buscar a otros
En 1970, después de una protesta contra comercios segregados, varios estudiantes fueron detenidos. Según la reconstrucción de Christianity Today, John Perkins acudió a la cárcel de Rankin County, Mississippi, para ayudarlos. Allí fue brutalmente golpeado por agentes blancos. Había llegado preocupado por otras personas; terminó necesitando auxilio él mismo.
El comienzo de esta historia no permite refugiarse en una palabra cómoda. No fue simplemente una diferencia de opiniones ni una discusión que salió mal. Una persona sufrió violencia de quienes tenían autoridad sobre su seguridad. Nombrar ese daño es parte del respeto que le debemos, antes de hablar de cualquier reconciliación.
No añadiremos una escena imaginada de la celda. El hecho documentado basta para plantear la pregunta que recorrerá estas páginas: ¿cómo seguir creyendo en un amor capaz de transformar las relaciones cuando otros han usado su poder para humillarte? No responderemos poniendo una frase heroica en sus labios.
La respuesta se encuentra en una trayectoria, no en un instante perfecto. Para comprenderla hay que retroceder y mirar la vida que lo había llevado hasta allí. La agresión no fue su identidad completa. Antes de ella existían una familia, una fe y un trabajo compartido que merecen seguir ocupando el centro del relato.
La noticia que llegó por medio de un hijo
La cronología de John M. Perkins sitúa su conversión en 1957 y recuerda a su hijo Spencer regresando de una actividad bíblica con una canción sobre el amor de Jesús por los niños. En 1960, Perkins volvió a Mendenhall, Mississippi, para compartir el evangelio. La fe había comenzado a orientar sus decisiones.
El detalle del hijo invierte por un momento la dirección habitual del aprendizaje. No siempre es el adulto quien abre una puerta al pequeño. A veces una noticia escuchada en familia obliga al mayor a reconsiderar lo que creía conocer. La buena noticia cristiana no necesita entrar siempre por un escenario solemne.
Hablar del amor de Jesús por todos parece sencillo hasta que esa afirmación entra en una sociedad que distribuye dignidad de manera desigual. Entonces deja de ser únicamente una idea consoladora. Pregunta quién puede sentarse a nuestro lado, a quién escuchamos y qué humillaciones hemos aprendido a tolerar.
En nuestra lectura, esa es una de las exigencias del evangelio: no permitir que la palabra todos se quede sin consecuencias. No nos autoriza a imaginar que Perkins resolvió de inmediato cada herida. Nos ayuda a comprender por qué anunciar a Cristo podía conducirlo hacia el sufrimiento de otros, en lugar de alejarlo de él.
Un ministerio con necesidades concretas
La fundación de John y Vera Mae Perkins describe su regreso familiar desde California a Mendenhall y el desarrollo de servicios de cuidado infantil, educación de adultos, atención sanitaria y reparación de viviendas. Vera Mae y sus hijos formaron parte del trabajo. No era la obra aislada de un solo protagonista.
Una comunidad no está hecha únicamente de ideas. Tiene horarios, casas, niños que necesitan atención y personas que intentan aprender algo después de una jornada difícil. Cuando hablamos de servir, esas realidades nos impiden quedarnos en una compasión abstracta. Alguien tiene que escuchar, organizar, colaborar y volver cuando desaparece el entusiasmo inicial.
También es importante reconocer la capacidad de quienes reciben apoyo. Un vecino no se convierte en alguien sin voz porque atraviese pobreza. Lleva conocimientos, vínculos y decisiones propias. Ayudar de verdad exige abandonar la comodidad de presentarse como la única persona que sabe qué hace falta.
Esta parte de la historia prepara una diferencia decisiva: buscar justicia no consiste solamente en rechazar lo que destruye. También supone participar en lo que permite vivir. No contamos programas como pruebas automáticas de éxito ni borramos a sus colaboradores; contemplamos una forma de intentar que las palabras cristianas tengan una presencia cotidiana y verificable.
Las manos que cuidaron después del daño
The Gospel Coalition recoge el recuerdo de Perkins durante su recuperación hospitalaria: médicos y enfermeras negros y blancos lo atendieron. Él interpretó ese cuidado como ayuda para sanar también su relación con los demás. Reconocer a quienes lo auxiliaron no lo llevó a llamar justa la violencia que había sufrido.
La diferencia entre una mano que hiere y una que cuida no se encuentra en una etiqueta racial. Se encuentra en lo que esa persona hace con el poder que tiene delante de otra vida. La atención recibida ofrece aquí una imagen de contraste, sin convertir el hospital en un lugar donde desaparecen mágicamente todas las consecuencias del trauma.
Para el lector cristiano, este versículo acompaña la reflexión sobre un amor que se vuelve acción. No lo presentamos como una cita pronunciada por Perkins durante su hospitalización:
Hijitos míos, no amemos sólo de palabra, ni sólo con la lengua, sino con hechos y con verdad.1 Juan 3:18 · BLL
El cuidado concreto no exige al herido que sonría para merecerlo. Tampoco le pide abandonar su búsqueda de justicia. Nuestra aplicación es sencilla y exigente: la bondad no debería convertirse en una manera de apurar el duelo ajeno, sino en una presencia que protege, escucha y respeta el tiempo necesario para recuperarse.
La reconciliación necesitaba un vecindario
CCDA explica que los primeros componentes de su enfoque proceden de las tres erres de Perkins: reubicación, reconciliación y redistribución. Su propuesta vincula la relación con Cristo al trabajo con los vecinos y a la escucha de la comunidad. Es una filosofía de servicio, no una certificación de resultados idénticos en cada lugar.
Podemos detenernos en la palabra con. Es diferente trabajar con alguien que diseñar su futuro sin preguntarle. La cercanía por sí sola no garantiza comprensión, pero la distancia acompañada de superioridad suele impedirla. Escuchar modifica planes, revela errores y devuelve a las personas la posibilidad de participar en aquello que las afecta.
Una reconciliación que no toca responsabilidades corre el riesgo de quedarse en una fotografía. Un abrazo puede ser sincero y aun así no bastar. Si después nadie cambia su conducta, comparte recursos o revisa una práctica injusta, las palabras más hermosas pueden dejar intacta la distancia que pretendían superar.
El relato no nos obliga a adoptar un programa único para todos los contextos. Nos invita a preguntarnos qué consecuencias tiene el amor que decimos profesar. ¿Puede alguien reconocerlo en nuestras decisiones? ¿Tiene lugar en la manera de trabajar, de repartir oportunidades y de aceptar que otros también deben decidir? La fe se vuelve visible en esas preguntas pequeñas y persistentes.
Ser recibido como un hermano
En una entrevista de CCDA de 2011, Perkins recordó el discipulado recibido en California entre 1957 y 1959. Nombró a Wayne Leitch y a creyentes blancos que lo habían acogido como un hermano igual. Situó allí una raíz de su vocación reconciliadora, anterior a la violencia que después padeció.
Volvemos así al comienzo sin quedar encerrados en él. La historia no termina concediendo al agresor el derecho de definir toda la vida del agredido. Tampoco necesita negar el pasado para afirmar que otra relación es posible. Hay una diferencia entre olvidar una herida y negarse a construir el futuro exclusivamente alrededor de ella.
No todos deben recorrer el mismo camino ni acercarse a quien los dañó. Mantener distancia, denunciar y buscar protección pueden ser decisiones necesarias. La esperanza que encontramos aquí no es una orden de reconciliación inmediata, sino el testimonio de un hombre que vinculó su fe en Jesús con el trabajo por una comunidad más justa.
Quizás nuestro siguiente paso no sea fundar una organización. Puede ser escuchar a alguien sin defendernos, reconocer una responsabilidad o sostener una tarea que beneficia a otros. El amor no pierde fuerza cuando se vuelve concreto. Deja de ser solamente una palabra y empieza a ofrecer aquello que una vida herida necesita: verdad, cuidado y espacio para volver a crecer.
Fuentes y contexto
- Christianity Today, 2022: agresión de 1970 y exigencia de justicia
- John M. Perkins: cronología biográfica, conversión y regreso a Mississippi
- John & Vera Mae Perkins Foundation: historia del trabajo familiar y comunitario
- The Gospel Coalition, 2018: relato de la recuperación y del cuidado recibido
- CCDA: principios del desarrollo comunitario cristiano
- CCDA, 2011: entrevista personal sobre discipulado y reconciliación
La narración no reproduce diálogos ni pensamientos privados inventados. Los versículos y la reflexión final son una aplicación editorial, no palabras atribuidas al protagonista.
Dios te continúe bendiciendo
y que sigas teniendo un excelente día en Cristo Jesús!
Te invito a pasar por el Cancionero.