Historias · Fe bajo persecución

Una mano en la oscuridad: Perpetua, Felicidad y la fe en Cartago

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Cuando siento miedo, pongo mi confianza en ti.Salmos 56:3 (Confianza) · BLL

Ruinas de Cartago junto al Mediterráneo en una fotografía actual; contexto geográfico, no identificación de la prisión de Perpetua
Halil Cihat Darıcıoğlu / Pexels

Una madre detrás de los muros

Cartago, África romana, a comienzos del siglo III. El relato conocido como la Pasión de Perpetua y Felicidad presenta a una mujer de unos veintidós años, instruida y madre de un niño que todavía necesitaba ser amamantado. Perpetua había sido detenida junto con otros cristianos. Su vida no había quedado reducida a una idea religiosa: dentro de la prisión seguía siendo hija, hermana y madre.

La fuente reúne una narración en primera persona atribuida a Perpetua y una continuación de otro narrador. No es una grabación judicial moderna; es un testimonio cristiano antiguo, escrito para conservar la memoria de quienes sufrieron. Escucharlo requiere distinguir esas voces, sin añadir conversaciones ni pensamientos que el documento no ofrece.

En la parte atribuida a ella aparece el miedo a la oscuridad del encierro. También la preocupación por su hijo. Estos detalles impiden imaginar una heroína incapaz de sentir. La fe no había quitado importancia a su cuerpo ni a sus afectos. Precisamente porque amaba, la separación dolía.

Antes de contemplar su firmeza, hay que dejar que esa madre entre completa en la historia.

El cuidado encontró una rendija

La Pasión nombra a dos diáconos, Tercio y Pomponio, que ayudaron a los detenidos a pasar algunas horas en una zona menos penosa de la cárcel. Allí Perpetua pudo atender a su niño. Después consiguió tenerlo consigo durante un tiempo, y el texto describe el alivio que eso le produjo.

No se habían derribado los muros. No había llegado una absolución. Había cambiado algo más pequeño y, para ella, inmenso: podía cuidar al hijo cuya situación la angustiaba. Su madre y su hermano también aparecen en ese tejido de preocupación familiar.

La historia de la persecución no se compone únicamente de interrogatorios y sentencias. Incluye a quienes buscan una entrada, facilitan una visita y atienden necesidades que el poder ignora. Esas acciones no hacen desaparecer la injusticia, pero evitan que una persona quede completamente abandonada dentro de ella.

Cuando hablamos de una fe que sostiene, podemos mirar también esas manos. La ayuda práctica no es un adorno del testimonio. Es parte de lo que permite atravesar una hora difícil. El consuelo puede incluir una oración y, al mismo tiempo, la posibilidad de alimentar a un niño.

Una palabra ante el tribunal

El padre de Perpetua intentó convencerla de abandonar su confesión cristiana. El relato conserva su angustia y la pena que a ella le causaba verlo sufrir. No es una escena sencilla entre una hija valiente y un padre sin corazón. Él quería conservarla viva; ella no aceptaba negar a Cristo para conseguirlo.

Ante Hilariano, la presión adquirió forma pública. Se le pidió ofrecer sacrificio por los emperadores. Perpetua se negó y afirmó su identidad cristiana. La sentencia la envió, junto con sus compañeros, al castigo del anfiteatro.

La fuente cuenta además que su padre fue golpeado y que ella sintió dolor por él. Su convicción no significaba indiferencia hacia su familia. La violencia del procedimiento alcanzaba también a quienes rodeaban a la acusada.

Este tramo no debe convertirse en un consejo para buscar sufrimiento ni para romper vínculos por orgullo. Nos muestra una conciencia sometida a coerción. La responsabilidad de la muerte pertenece a quienes impusieron el castigo, no al amor de una madre ni a la insuficiencia de una familia que no pudo impedirlo.

Felicidad no era una figura secundaria

Entre los detenidos estaba Felicidad, una mujer esclavizada que se encontraba embarazada. El narrador antiguo cuenta que dio a luz en prisión y que una mujer de la comunidad recibió a su hija para criarla. En medio de una sentencia, otra vida necesitaba protección.

La diferencia social entre las dos mujeres no desaparece de la historia. Perpetua recibe una presentación familiar y educativa que Felicidad no tiene. Por eso es importante nombrar a ambas: compartir una fe no autoriza a borrar las desigualdades que cada una había vivido.

Durante el parto, según la Pasión, Felicidad expresó su confianza en que Cristo la sostendría ante lo que venía. Es el testimonio que la fuente le atribuye, no una afirmación de que el dolor físico se volvió irreal. El mismo relato conserva su sufrimiento y la oración de sus compañeros.

El cuidado de la niña abre una ventana hacia la comunidad que quedaría después. La fe no consistía solamente en recordar a quienes iban a morir. También tenía que responder por quienes seguirían viviendo. Una criatura no podía alimentarse de admiración; necesitaba una casa, una presencia y días de atención concreta.

La mano tendida que el espectáculo no pudo borrar

La ejecución se recuerda el 7 de marzo de 203. En la continuación del relato, las mujeres fueron llevadas al anfiteatro y sufrieron violencia. No hace falta recrear sus heridas para comprender lo que ocurrió. Fueron personas convertidas en espectáculo por un poder que podía castigarlas públicamente.

El narrador conserva un gesto particular: Perpetua se levantó y ayudó a Felicidad a ponerse en pie. En un lugar organizado para exhibir su indefensión, aparece una mano que no agrede. Las dos quedan juntas.

Esa escena no cambió la sentencia. Ambas murieron. La esperanza de esta historia no depende de esconder ese final ni de inventar una fuga. Depende de cómo aquellas vidas fueron entendidas por la comunidad que conservó su memoria: la violencia no había conseguido volverlas ajenas al amor de Cristo ni al cuidado mutuo.

Leemos este pasaje como acompañamiento bíblico, no como una cita documentada de sus últimas palabras:

ni la altura, ni la profundidad, ni ninguna otra cosa creada podrá separarnos del amor de Dios que está en Cristo Jesús, nuestro Señor.Romanos 8:39 · BLL

Lo que podemos conservar sin repetir la violencia

La Pasión incluye también visiones y su interpretación religiosa. Pertenecen al testimonio transmitido; no son escenas que podamos presentar como observaciones externas verificadas. La historia mantiene su fuerza sin convertir cada detalle en una certeza que las fuentes no permiten establecer.

Lo que sí podemos escuchar es una memoria de fidelidad atravesada por relaciones: una madre preocupada, familiares angustiados, compañeros que oran, una niña acogida y dos mujeres que no quedan aisladas una de otra. La fe aparece dentro de esa trama humana, no fuera de ella.

Honrar a estas personas hoy implica defender la libertad de conciencia y oponernos a la persecución, no desear que otros sufran para producir nuevos relatos conmovedores. También implica cuidar a las familias y a los niños que quedan afectados por la violencia.

Quizá el gesto más cercano que nos deja Cartago sea aquella mano tendida. No siempre podemos abrir una puerta ni detener una injusticia de inmediato. Pero podemos negarnos a tratar al que sufre como un espectáculo. Podemos acercarnos, sostener y proteger. Seguir a Cristo también toma esa forma: ayudar a otro a levantarse, aun cuando nosotros mismos necesitamos apoyo.

Fuentes y contexto

La narración no reproduce diálogos ni pensamientos privados inventados. Los versículos y la reflexión final son una aplicación editorial, no palabras atribuidas al protagonista.

Dios te continúe bendiciendo
y que sigas teniendo un excelente día en Cristo Jesús!
Te invito a pasar por el Cancionero.

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