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APRENDE POR TEMAS

La iglesia en Hechos

Sigue cómo la comunidad aprende a cuidar, enviar y comunicar en nuevos lugares.

  1. 1. Leer y descubrir - Leer la lección

    Biblia Libre Latinoamericano

    Hechos 2:42-47

    42 Se mantenían firmes en la enseñanza de los apóstoles, en la comunión, en el partimiento del pan y en la oración.

    43 Todos estaban asombrados, porque los apóstoles hacían muchos prodigios y señales.

    44 Todos los creyentes estaban juntos y tenían todo en común:

    45 vendían sus propiedades y posesiones, y compartían el dinero con todos, según la necesidad de cada uno.

    46 No dejaban de reunirse en el templo ni un solo día. Partían el pan en las casas y compartían la comida con alegría y generosidad,

    47 alabando a Dios y disfrutando de la simpatía de todo el pueblo. Y cada día el Señor añadía a la iglesia a los que iban siendo salvos.

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    La enseñanza, la mesa, la oración y la ayuda material describen una comunidad; la comunión tiene dimensiones visibles y compartidas.

    Reflexiona

    • ¿Qué necesidades atienden estas prácticas?

    Ponlo en práctica

    Participa en una práctica comunitaria que una aprendizaje y cuidado.

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  2. 2. Organizar un cuidado justo - Leer la lección

    Biblia Libre Latinoamericano

    Hechos 6:1-7

    1 En aquellos días, al multiplicarse el número de los discípulos, surgió una queja de los judíos helenistas contra los hebreos, de que sus viudas eran desatendidas en la distribución diaria de los alimentos.

    2 Entonces los doce convocaron a toda la asamblea de los discípulos y dijeron: “No está bien que nosotros descuidemos el ministerio de la palabra de Dios para servir las mesas.

    3 Por lo tanto, hermanos, elijan de entre ustedes a siete hombres de buena reputación, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, a quienes podamos encargar de este trabajo.

    4 Y nosotros nos dedicaremos de lleno a la oración y al ministerio de la palabra.”

    5 Esta propuesta agradó a toda la asamblea. Eligieron a Esteban, un hombre lleno de fe y del Espíritu Santo, a Felipe, a Prócoro, a Nicanor, a Timón, a Parmenas y a Nicolás, un prosélito de Antioquía.

    6 Luego los presentaron ante los apóstoles, quienes oraron y les impusieron las manos.

    7 La palabra de Dios se difundía cada vez más, y el número de discípulos aumentaba muchísimo en Jerusalén; incluso muchos sacerdotes llegaron a obedecer a la fe.

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    Comprender el pasaje

    Una queja por desigualdad en la distribución conduce a nuevas responsabilidades; la comunidad escucha y reorganiza el servicio.

    Reflexiona

    • ¿Qué ocurre cuando una necesidad ignorada se hace visible?

    Ponlo en práctica

    Escucha una queja sin descartarla y busca una mejora concreta.

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  3. 3. Enviados desde Antioquía - Leer la lección

    Biblia Libre Latinoamericano

    Hechos 13:1-3

    1 En la iglesia de Antioquía había profetas y maestros: Bernabé, Simón (apodado el Negro), Lucio de Cirene, Manaén (que se había criado con Herodes el tetrarca) y Saulo.

    2 Mientras ellos adoraban al Señor y ayunaban, el Espíritu Santo dijo: “Apártenme a Bernabé y a Saulo para el trabajo al que los he llamado”.

    3 Así que, después de ayunar y orar, les impusieron las manos y los despidieron.

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    Comprender el pasaje

    Una comunidad diversa discierne, ora y envía a Bernabé y Saulo; la misión comienza con escucha comunitaria.

    Reflexiona

    • ¿Cómo participa la comunidad de Antioquía en el envío de Bernabé y Saulo?

    Ponlo en práctica

    Consulta a tu comunidad antes de asumir una nueva responsabilidad.

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  4. 4. Filipos - Leer la lección

    Biblia Libre Latinoamericano

    Hechos 16:11-40

    11 Zarpamos de Troas y navegamos directamente a Samotracia, y al día siguiente a Neápolis.

    12 De allí nos fuimos a Filipos, que es una colonia romana y la ciudad principal de esa región de Macedonia. Nos quedamos algunos días en esa ciudad.

    13 El sábado salimos a las afueras de la ciudad, a la orilla del río, donde pensábamos que habría un lugar de oración. Nos sentamos y nos pusimos a platicar con las mujeres que se habían reunido.

    14 Una de las que escuchaba era una mujer llamada Lidia, vendedora de telas de púrpura, de la ciudad de Tiatira, que adoraba a Dios. El Señor le abrió el corazón para que prestara atención a lo que Pablo decía.

    15 Cuando ella y su familia fueron bautizados, nos rogó diciendo: “Si ustedes consideran que soy fiel al Señor, vengan a quedarse en mi casa”. Y nos convenció de ir.

    16 Una vez, mientras íbamos al lugar de oración, nos salió al encuentro una joven esclava que tenía un espíritu de adivinación. Con sus adivinaciones les daba a ganar mucho dinero a sus amos.

    17 Ella nos seguía a Pablo y a nosotros, gritando: “¡Estos hombres son siervos del Dios Altísimo, y les anuncian el camino de salvación!”.

    18 Hizo esto durante muchos días, hasta que Pablo se molestó mucho, se dio la vuelta y le dijo al espíritu: “¡En el nombre de Jesucristo, te ordeno que salgas de ella!”. Y el espíritu la dejó en ese mismo momento.

    19 Pero cuando sus amos se dieron cuenta de que se les había esfumado la esperanza de ganar dinero, agarraron a Pablo y a Silas y los arrastraron a la plaza principal, ante las autoridades.

    20 Los presentaron ante los magistrados y les dijeron: “Estos hombres son judíos y están alborotando nuestra ciudad;

    21 además, enseñan costumbres que a nosotros, los romanos, no se nos permite aceptar ni practicar”.

    22 La multitud también se amotinó contra ellos, y los magistrados ordenaron que les arrancaran la ropa y los azotaran con varas.

    23 Después de darles muchos golpes, los echaron en la cárcel y le ordenaron al carcelero que los vigilara con la máxima seguridad.

    24 Al recibir esta orden, el carcelero los metió en el calabozo más profundo y les sujetó los pies en el cepo.

    25 Como a la medianoche, Pablo y Silas estaban orando y cantando himnos a Dios, y los demás presos los escuchaban.

    26 De repente, hubo un terremoto tan fuerte que sacudió los cimientos de la cárcel. Al instante, se abrieron todas las puertas y a todos los presos se les soltaron las cadenas.

    27 El carcelero despertó, y al ver las puertas de la cárcel abiertas, sacó su espada y estuvo a punto de matarse, pensando que los presos se habían escapado.

    28 Pero Pablo le gritó con fuerza: “¡No te hagas daño! ¡Todos estamos aquí!”.

    29 El carcelero pidió una lámpara, entró corriendo y, temblando de miedo, se postró a los pies de Pablo y de Silas.

    30 Luego los sacó y les preguntó: “Señores, ¿qué debo hacer para ser salvo?”.

    31 Ellos le contestaron: “Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y toda tu familia”.

    32 Y le compartieron la palabra del Señor a él y a todos los que estaban en su casa.

    33 A esa misma hora de la noche, el carcelero los tomó y les lavó las heridas; e inmediatamente fue bautizado, junto con todos los suyos.

    34 Después los llevó a su casa y les sirvió de comer. Y él y toda su familia se alegraron mucho de haber creído en Dios.

    35 Al amanecer, los magistrados enviaron a los guardias con esta orden: “Dejen libres a esos hombres”.

    36 El carcelero le comunicó el mensaje a Pablo: “Los magistrados han ordenado que los suelte; así que ya pueden irse. Váyanse en paz”.

    37 Pero Pablo les contestó: “Nos han golpeado en público sin habernos juzgado, a pesar de que somos ciudadanos romanos, y nos han metido en la cárcel. ¿Y ahora quieren echarnos a escondidas? ¡Claro que no! Que vengan ellos mismos a sacarnos”.

    38 Los guardias les informaron esto a los magistrados. Al oír que eran romanos, se asustaron;

    39 así que fueron a pedirles disculpas. Los sacaron de allí y les rogaron que se fueran de la ciudad.

    40 Al salir de la cárcel, Pablo y Silas se dirigieron a la casa de Lidia, donde se encontraron con los hermanos, los animaron y se despidieron de ellos.

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    Comprender el pasaje

    Lidia ofrece hospitalidad y el carcelero recibe atención en una crisis; Pablo también reclama un trato justo tras su prisión.

    Reflexiona

    • ¿Cómo cambian la vida de Lidia y la del carcelero después de conocer a Pablo?

    Ponlo en práctica

    Apoya una necesidad inmediata sin olvidar la dignidad de la persona.

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  5. 5. De Malta a Roma - Leer la lección

    Biblia Libre Latinoamericano

    Hechos 28:1-31

    1 Una vez a salvo, nos enteramos de que la isla se llamaba Malta.

    2 Los habitantes de la isla nos trataron con mucha amabilidad. Como estaba lloviendo y hacía frío, encendieron una fogata y nos recibieron a todos.

    3 Pablo recogió un montón de ramas secas y las echó al fuego. De repente, una víbora que huía del calor salió y se le enroscó en la mano.

    4 Cuando los habitantes vieron la serpiente colgando de su mano, se dijeron unos a otros: “Seguro que este hombre es un asesino; pues, aunque se salvó del mar, la justicia divina no lo deja vivir”.

    5 Pero Pablo sacudió la serpiente en el fuego y no sufrió ningún daño.

    6 Ellos esperaban que él se hinchara o cayera muerto de repente. Pero después de observarlo por mucho rato y ver que no le pasaba nada malo, cambiaron de opinión y empezaron a decir que era un dios.

    7 Cerca de allí había unas tierras que le pertenecían a Publio, el funcionario principal de la isla. Él nos recibió en su casa y nos hospedó amablemente durante tres días.

    8 El padre de Publio estaba en cama, muy enfermo con fiebre y disentería. Pablo entró a verlo, oró por él, le impuso las manos y lo sanó.

    9 Como resultado, los demás enfermos de la isla también acudieron a Pablo y fueron sanados.

    10 Nos rindieron muchos honores y, cuando estábamos por zarpar, nos dieron todas las provisiones necesarias para el viaje.

    11 Tres meses después, zarpamos en un barco de Alejandría que había pasado el invierno en la isla. El barco tenía como símbolo a los dioses Cástor y Pólux.

    12 Llegamos a Siracusa y nos quedamos allí tres días.

    13 Desde allí bordeamos la costa hasta llegar a Regio. Al día siguiente comenzó a soplar un viento del sur, y en dos días llegamos a Puteoli.

    14 Allí encontramos a varios hermanos, quienes nos rogaron que nos quedáramos con ellos una semana. Y así fue como llegamos a Roma.

    15 Los hermanos de Roma ya se habían enterado de que íbamos para allá, así que salieron a nuestro encuentro y nos esperaron en el Foro de Apio y en las Tres Tabernas. Al verlos, Pablo le dio gracias a Dios y cobró mucho ánimo.

    16 Cuando por fin entramos en Roma, al oficial romano entregó a los prisioneros al comandante, pero a Pablo se le permitió vivir aparte, custodiado por un soldado.

    17 Tres días después, Pablo mandó llamar a los líderes de los judíos. Cuando se reunieron, les dijo: “Hermanos, aunque yo no he hecho nada en contra de nuestro pueblo ni en contra de las costumbres de nuestros antepasados, fui arrestado en Jerusalén y entregado a los romanos.

    18 Después de interrogarme, querían soltarme porque no encontraron en mí ningún delito que mereciera la muerte.

    19 Pero como los judíos se opusieron, me vi obligado a apelar al emperador romano; no porque yo tenga de qué acusar a mi nación.

    20 Por este motivo les pedí que vinieran, para verlos y hablar con ustedes. Porque estoy atado con estas cadenas precisamente por la esperanza de Israel”.

    21 Ellos le contestaron: “Nosotros no hemos recibido ninguna carta de Judea acerca de ti, y tampoco ha llegado ninguno de los hermanos con noticias o hablando mal de ti.

    22 Pero sí nos gustaría escuchar lo que tú piensas, porque lo único que sabemos de esa secta es que en todas partes hablan en su contra”.

    23 Así que fijaron una fecha, y ese día muchas personas fueron a la casa donde Pablo se hospedaba. Desde la mañana hasta la tarde, él les explicaba y les daba testimonio acerca del reino de Dios. Trataba de convencerlos acerca de Jesús, utilizando tanto la ley de Moisés como los escritos de los profetas.

    24 Algunos se convencieron con lo que Pablo decía, pero otros se negaron a creer.

    25 Como no se ponían de acuerdo, empezaron a irse. Entonces Pablo les dijo una última cosa: “Con mucha razón el Espíritu Santo les habló a los antepasados de ustedes por medio del profeta Isaías,

    26 cuando dijo: ‘Ve a este pueblo y diles: Por mucho que escuchen, no entenderán; por mucho que miren, no verán.

    27 Porque el corazón de este pueblo se ha vuelto insensible; se han tapado los oídos, y han cerrado los ojos. De lo contrario, verían con sus ojos, oirían con sus oídos, entenderían con el corazón y se volverían a mí, y yo los sanaría’.

    28 “Por lo tanto, sepan esto: la salvación de Dios ha sido enviada a los gentiles, ¡y ellos sí van a escuchar!”.

    29 Y después de decir esto, los judíos se fueron discutiendo acaloradamente entre ellos.

    30 Pablo vivió dos años completos en una casa alquilada. Allí recibía a todos los que iban a verlo.

    31 Predicaba el reino de Dios y enseñaba acerca del Señor Jesucristo con toda libertad y sin que nadie se lo impidiera.

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    Comprender el pasaje

    Pablo recibe hospitalidad en Malta y continúa enseñando bajo custodia en Roma; el final describe una palabra que sigue abierta.

    Reflexiona

    • ¿Cómo sigue Pablo recibiendo personas y enseñando a pesar de estar bajo custodia?

    Ponlo en práctica

    Busca una forma realista de servir dentro de tus límites actuales.

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