Historias · Fe y perseverancia por la justicia
Volver después de la derrota: William Wilberforce y la paciencia de hacer el bien
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Él ya te ha dicho, oh hombre, lo que es bueno. ¿Qué es lo que Yahvé pide de ti? Solamente que actúes con justicia, que ames la fidelidad y que te humilles ante tu Dios.Miqueas 6:8 (Justicia) · BLL
Imagen no disponible: Westminster en una fotografía contemporánea; ilustración de Londres, no el edificio de la votación de 1791Ochenta y ocho votos no bastaron
En abril de 1791, la propuesta de William Wilberforce contra el tráfico de esclavos fue derrotada en la Cámara de los Comunes. Ochenta y ocho votos no alcanzaron frente a ciento sesenta y tres. Una causa que hablaba de vidas humanas había vuelto a quedar detenida por una decisión parlamentaria.
Los números permiten comprender algo que las biografías triunfales a veces comprimen demasiado. La campaña no consistió en pronunciar un discurso conmovedor y recibir inmediatamente la aprobación de todos. Hubo pruebas, argumentos y apoyo público; aun así, el resultado fue una derrota. La injusticia continuó mientras sus adversarios conservaban suficientes votos para protegerla.
No sabemos qué pensó Wilberforce en cada minuto de aquella jornada. No hace falta inventarlo. Antes del debate había escrito una oración pidiendo sabiduría, fuerza y capacidad de persuadir, y también disposición para afrontar el fracaso. Su fe no comenzaba después de conocer el resultado. Había entrado con él en una situación cuyo desenlace no podía controlar.
La carta que no prometía facilidad
Semanas antes, el 24 de febrero, John Wesley le había escrito. El anciano predicador moriría pocos días después. Su carta no presentaba la tarea como un camino sencillo: reconocía que la oposición podía consumir las fuerzas de quien intentara enfrentarse a ella.
Wesley lo animaba a continuar confiando en Dios. Pero junto al ánimo había una denuncia precisa. Había leído un testimonio africano y le indignaba que una persona negra no pudiera obtener justicia contra una blanca en las circunstancias allí descritas. No hablaba de una virtud abstracta desconectada de las víctimas. Su exhortación espiritual estaba atada a una desigualdad concreta.
La carta permite escuchar dos voces sin fabricar una conversación. Un hombre mayor reconocía el peso que recaía sobre otro y le recordaba que perseverar no debía depender únicamente de sus fuerzas. El mensaje no garantizaba una victoria inmediata. Cuando llegó la votación, la derrota siguió siendo posible y se hizo real.
Permanecer donde había responsabilidad
Años antes, Wilberforce había atravesado una profunda reconsideración religiosa. Su conversión evangélica lo llevó a preguntarse por el sentido de su vida pública. John Newton lo animó a permanecer en la política. La cuestión no era solamente qué debía abandonar, sino qué podía hacer con la responsabilidad que ya tenía.
No conviene confundir ese consejo con la idea de que todo cargo, decisión o preferencia política recibe aprobación divina. Wilberforce siguió siendo un hombre de su tiempo, con limitaciones que una narración honesta no debe esconder. Aquí importa una decisión concreta: su compromiso cristiano no terminó retirándolo de la discusión sobre el tráfico de seres humanos.
La fe en Jesucristo le planteaba obligaciones hacia el prójimo, no solamente preguntas sobre su tranquilidad personal. Su puesto le daba acceso a un lugar donde otros no podían hablar en igualdad de condiciones. Permanecer allí podía significar utilizar ese acceso para insistir en una causa que no se resolvía con una sola intervención.
Los documentos también eran una forma de insistir
En 1807, Wilberforce publicó una extensa carta sobre la abolición del tráfico de esclavos. Al leerla, aparece algo menos espectacular que una escena de victoria, pero igualmente importante: el trabajo sostenido de reunir testimonios, examinar argumentos y responder a objeciones.
El libro describe cómo la demanda comercial alimentaba la violencia y las capturas. Reúne relatos, discute sus fundamentos y rebate la comodidad de tratar los abusos como accidentes aislados. El problema que denuncia no es únicamente la maldad de un comerciante particular; es un sistema que convierte a personas en mercancía.
Su lenguaje conserva prejuicios y jerarquías culturales de la época. Reconocer su contribución no exige repetirlos ni aprobarlos. Precisamente por eso es necesario escuchar también a los africanos que denunciaron su propia esclavización y a quienes resistieron antes de obtener atención parlamentaria.
En su argumento religioso, Wilberforce confronta una contradicción: profesar el cristianismo mientras se participa en una actividad que destruye al prójimo. No utiliza la fe solamente para sentirse acompañado en una dificultad privada. La utiliza también para interrogar la conducta de una sociedad que se considera cristiana.
Esa pregunta continúa siendo incómoda: ¿qué prácticas aceptamos porque nos benefician, aunque sus consecuencias para otros contradigan lo que decimos creer?
Perseverar no era caminar solo
La campaña no pertenecía a un solo hombre. Hubo investigación, peticiones, organización cuáquera y voces negras que hicieron públicas experiencias de esclavitud. La resistencia de las personas esclavizadas tampoco comenzó cuando alguien en Westminster decidió escucharlas. Wilberforce tuvo un papel parlamentario importante dentro de una lucha mucho más amplia.
Por eso, continuar después de una derrota no significaba imaginarse indispensable. Significaba volver a trabajar con otros, escuchar pruebas y sostener una responsabilidad compartida. La fe podía alimentar esa perseverancia sin convertir a su protagonista en el dueño de la historia.
“No nos cansemos de hacer el bien, porque a su debido tiempo cosecharemos si no nos damos por vencidos.”Gálatas 6:9 · BLL
Estas palabras no son una promesa de que cualquier proyecto personal triunfará si insistimos bastante. Hacer el bien exige también revisar los medios, escuchar a quienes sufren y aceptar correcciones. La perseverancia pierde su sentido si se convierte en obstinación por conservar nuestra propia imagen.
En la carta de Wesley y en el trabajo posterior de Wilberforce encontramos una forma más exigente de ánimo: seguir porque la dignidad de otros importa, aun cuando el reconocimiento tarde y los resultados no estén asegurados.
Una victoria que todavía dejaba trabajo
La ley de 1807 prohibió el tráfico británico de esclavos; no liberó automáticamente a quienes ya estaban esclavizados. Esa diferencia impide cerrar la historia con un aplauso y dar por terminado el sufrimiento. La abolición de la esclavitud en las colonias requirió otra campaña y la legislación de 1833, con excepciones y condiciones injustas, incluida la compensación a propietarios.
Wilberforce murió en julio de 1833, antes de que esa ley se promulgara. Su trayectoria permite reconocer perseverancia sin atribuirle una victoria individual, completa o libre de contradicciones. La historia de la libertad es mayor que una biografía.
Para quien enfrenta hoy una tarea justa que parece no avanzar, el episodio de 1791 conserva su fuerza. Ochenta y ocho votos fueron insuficientes. La oración no modificó retrospectivamente el recuento. Pero la derrota no tuvo que convertirse en la última definición de lo que valía la pena hacer.
Hay una esperanza que no se parece a una salida rápida. Se parece a recibir una carta, volver a escuchar a las víctimas, revisar documentos y presentarse otra vez. En esa paciencia activa, la fe puede rescatar a una persona de la tentación de considerar inútil todo esfuerzo.
No porque el camino deje de doler, sino porque el prójimo sigue teniendo un valor que ningún resultado adverso puede borrar.
Fuentes y contexto
- William Wilberforce: A Letter on the Abolition of the Slave Trade (1807)
- John Wesley: carta a Wilberforce, 24 de febrero de 1791
- Hull History Centre: William Wilberforce
- UK Parliament: The Transatlantic Slave Trade
La narración no reproduce diálogos ni pensamientos privados inventados. Los versículos y la reflexión final son una aplicación editorial, no palabras atribuidas al protagonista.
Dios te continúe bendiciendo
y que sigas teniendo un excelente día en Cristo Jesús!
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